Hace algunas semanas, durante una de mis colaboraciones habituales en el programa de Onda Vasca Vinatelia Copa a Copa, el conductor del espacio, Manu Herrero, me preguntaba qué pensaba de los vinos naturales, biodinámicos, ecológicos, etc. Podéis imaginaros, los que me conocéis un poco, mi cara de satisfacción cuando me hicieron esta pregunta, ya que considero éste tema no sólo apasionante, sino de gran importancia en el sector del vino. Es por esto que, a lo largo de las siguientes líneas, intentaré aclarar estos términos y sus diferencias con los vinos convencionales ya que, en muchos casos, pueden crear confusión entre ellos. Entendemos como vinos convencionales los producidos con algunas de las técnicas y productos químicos permitidos. Dentro de esta manera de elaboración, estarían los que utilizan un sinfín de productos y los que lo hacen de la manera más razonada posible. El término vino natural resulta muy sencillo de definir: vino cuyo único componente es la uva, es decir, zumo fermentado de uva. No se ha empleado ningún otro producto. Es así como debería ser, aunque el hecho de no existir ninguna regulación para los vinos naturales hace que sea éste un término empleado demasiado a la ligera. En el caso de los ecológicos, también conocidos como orgánicos o bio, sí que existe una regulación que establece restricciones con respecto a los convencionales. Pongo un par de ejemplos. En los ecológicos, el límite de sulfitos permitidos es inferior al de los convencionales. De la misma manera, hay una serie de productos prohibidos para vinos ecológicos, como los herbicidas, plaguicidas, antibióticos, etc. Aunque estos son sólo algunos ejemplos. Tenemos también, por otro lado, los vinos biodinámicos. La biodinámica es más bien una filosofía aplicada a la viticultura. Promueve crear un equilibrio vital entre la planta, el medio (con sus microorganismos, sus insectos y su fauna en general), el hombre y lo que se llaman fuerzas cósmicas. Para ello se utilizan diferentes preparados para tratar las posibles carencias de las plantas o del medio. Se siguen las fases lunares y la posición de los planetas para realizar las diferentes actividades tanto en viñedo como en bodega. Todo esto puede parecer un tanto extraño, pero la realidad es que los resultados son excelentes entre quienes practican estas técnicas. Puedo deciros que lo que he percibido en todos estos años probando infinidad de vinos es que, los que más me gustan, casualmente, son biodinámicos. Transmiten una fuerza especial, una sensación difícil de expresar con palabras. Al carecer también de una regulación oficial, puede ser, en algún caso, un término empleado de manera poco honesta. Existen algunas empresas privadas, como Demeter, que certifican, gracias a las auditorías realizadas, que el productor actúa dentro de las prácticas biodinámicas.

Para terminar, y esto no lo digo yo, sino que es una realidad contrastada, muchos de los mejores vinos que existen en el mundo, están elaborados siguiendo ésta filosofía.


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