Siempre he pensado que nuestras sidras, las sidras gipuzkoanas, están muy poco valoradas, tanto por parte del productor como por parte del consumidor. Siempre hemos entendido que se trata de un producto barato. De hecho, no es demasiado difícil encontrar botellas en tiendas y supermercados incluso por debajo del euro para el consumidor final. En cualquier caso, no es habitual encontrarlas por encima de los tres euros.

Personalmente me parece que no se le está dando el valor real que corresponde al producto. Desde luego que no me refiero a esas sidras insulsas y cortadas todas por el mismo patrón, sin defectos pero también carentes de virtudes. Me refiero a esas honestas, con personalidad, elaboradas de manera natural con nuestras manzanas, sin apenas intervención química, sin maquillajes ni correcciones artificiales. Estas son las sidras que reflejan tipicidad, son sabrosas, intensas y tienen ese “algo especial” que las diferencia de las demás. Estas son las sidras a las que debemos darles un mayor valor.

En primer lugar, es el productor el que ha de hacerlo, valorando económicamente su trabajo y transmitiendo a sus clientes las bondades de su producto, justificando de esta forma el precio marcado. En segundo lugar, el hostelero, el tendero o la persona encargada de hacer llegar el producto al consumidor final ha de saber justificar su precio, transmitiendo al cliente la información recibida del sidrero. Por último, el cliente ha de comprender que el proceso tiene unos costes: labores durante el año en los manzanales, recogida de la manzana, infraestructura para su conversión en sidra, asesoramiento técnico, maquinaria, embotellado (vidrio, tapón, etiqueta, cápsula, caja), expedición, transporte, tasas e impuestos…

En fin, teniendo todo esto en cuenta pienso que, por lo general, el precio habitual de una buena botella de sidra es insultantemente bajo y cada uno deberemos de aportar lo que podamos para la dignificación del trabajo que hacen algunos sidreros. Es la forma de animar a muchas personas del sector a que apuesten por la calidad del producto.

Es por esto que, en ESSENCIA, hemos decidido aportar nuestro granito de arena en este sentido, sacando al mercado Lurra, la cual, desde nuestro punto de vista, representa lo que nosotros entendemos por una sidra excepcional.

Lurra procede de los mejores manzanales de la zona de Ataun, mayoritariamente de la variedad errezil. Ha sido elaborada por el gran Demetrio Terradillos en Urbitarte Sagardotegia, sin duda alguna para nosotros, la mejor sidrería de Gipuzkoa. Casi semanalmente hemos ido comprobando la evolución de todos y cada uno de los depósitos junto al gran Demetrio, bien acompañados por los suculentos manjares que salen de su parrilla y de los fogones de Ixiar, su mujer. Tras varios meses de “durísimos” Domingos peregrinando hasta Ataun para este cometido y tras realizar diferentes pruebas y mezclas, decidimos quedarnos con los dos depósitos que nos transmitieron mayor carácter y personalidad.

Su ensamblaje dio lugar a una sidra con más estructura de lo normal. Posee unos ocho grados de alcohol y es extremadamente generosa desde el punto de vista aromático. En boca es fantástica, con recuerdos nítidos de la manzana fresca, muy sápida, intensa, refrescante, profunda. Es una de esas sidras que te hace pensar, que requiere de tu atención, que te confirma que una sidra así es digna de encontrarse en las mejores mesas del mundo. Te hace sentir orgulloso de tu tierra, de tus raíces y tus costumbres. Una sidra emocionante. Una sidra que podréis encontrar en ESSENCIA y de la cual se han embotellado 1200 unidades. El dibujo y el diseño de la etiqueta corresponden a dos grandes amigos como son David Álvarez e Iñigo Lorenzo “Lontxo”, ambos excelentes artistas donostiarras, pintor y tatuador respectivamente, a los cuales les estamos profundamente agradecidos por su colaboración.

Estamos convencidos que la mejor forma de disfrutarla es en una buena copa, sin necesidad de ser escanciada y a una temperatura que ronde los doce grados.

Con estas líneas queremos sobre todo agradecer a Demetrio e Ixiar su trabajo constante en el día a día. Gracias a esa labor desarrollada durante tantos años, en el campo y en bodega, podemos disfrutar actualmente de sus magníficas sidras.

Esperamos que, con el tiempo, cada vez sean más los sidreros que apuesten por la calidad y sean capaces de hacernos vibrar con algo tan nuestro como es la sagardoa.

Txoooooooootx!!!


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